Cómo decirle a tu pareja “ya no te quiero”

Cómo decirle a tu pareja “ya no te quiero”

Autora: Mila Cahue

No hay un momento adecuado para decirle a alguien ya no te quiero, principalmente para  quien tenga que escucharlo. Hay que contar con ello. Pero cuando se toma la decisión de decirle a la pareja que no se la quiere ya, es preciso haberlo pensado y reflexionado con calma, para estar muy seguro de que no se va a ceder ante la reacción del otro.

Recomendamos que se prepare muy bien esta conversación antes de sentarse con la pareja, ya que se trata de un momento muy importante que hay que hacer de la mejor manera posible. No hay que dejarlo a la impulsividad o al reproche.

Cuando uno tiene muy claro qué es lo que va a decir, cuándo, cómo y para qué, la mejor actitud debe constar de unos cuantos ingredientes. El primero, convencimiento, para transmitir seguridad y reflexión en lo que se está diciendo. No se trata de algo pasajero. El segundo, empatía. Hay que saber ponerse en el lugar de la persona que está recibiendo la noticia como una auténtica y desagradable sorpresa. Por lo tanto nos hace falta un tercer ingrediente: escuchar sin personalizar todo lo que se pueda oír en ese momento. El aluvión de reproches va a ser inevitable, pero hay que entender que forma parte de la reacción emocional de la otra persona. No entrar a contestar ni a defenderse de ninguno de ellos sino, de alguna manera, comprenderlos con un cierto toque de humildad: al fin y al cabo, no deja de ser un error del que hay que aprender, pero no es tampoco una tragedia. Es importantísimo no ponerse a la defensiva. Una buena dosis de asertividad no vendrá nada mal para no flaquear en lo expuesto a la vez que se acompaña a la otra persona en lo que esté sintiendo. En muchos casos puede invadir un sentimiento de culpa que haga recular. Por eso es importante preparar bien lo que se va a decir, así como las posibles reacciones.

Utilizaremos las tres reglas de oro de la comunicación eficaz, teniendo en cuenta que los mensajes deben ir desde el “yo”, es decir, desde lo que yo creo, siento y deseo, y en la medida de lo posible utilizando expresiones neutras (tercera persona del singular o reflexivas) Pondremos un ejemplo ilustrativo para que resulte más fácil de comprender:

Regla 1: Describir (aquí se explicaría lo que ocurre con los sentimientos)

“No sé si te habrás dado cuenta, pero hace ya un tiempo que hay una cierta frialdad por mi parte y que hay más distancia en todo lo que hacemos…”

Regla 2: Decir lo que uno piensa o siente (ya no te quiero, pero de una forma más amable)

“He pasado un tiempo reflexionando sobre lo que podría estar ocurriendo y en concreto sobre mis sentimientos, ya que notaba que algo había cambiado, pero quería tener la seguridad de lo que estaba sintiendo. Aunque para mí es triste, doloroso e incómodo, ahora estoy seguro de que lo que sentía ha cambiado y ya no es lo que tendría que haber en una relación. No me parece justo hacerte seguir creyendo que te quiero cuando ahora sé que no es así”.

Regla 3: Decir lo que uno desea (cortar la relación)

“Por lo tanto creo que ya llegado el momento de que nos planteemos seriamente finalizar la relación, y ver cómo lo podemos hacer de la mejor manera posible”.

No decir nada más. Esperar a la reacción de la pareja. Diga lo que diga, aguantar:

“Entiendo cómo te sientes, y sé que puedes estar sorprendido/a. Estoy en disposición de hablar más profundamente sobre el asunto cuando hayas tenido tiempo para asumirlo y plantearme las preguntas que te surjan”.

Mi recomendación es no prolongar mucho más esta conversación, y las dos, tres o cuatro horas que normalmente siguen a este tipo de declaración aplazarlas a otro momento en el que ambos puedan hablar con el ánimo más templado. No hay que dejarlo pasar, pero tampoco hacerlo inmediatamente. Se puede dejar un par de días para que la pareja lo piense y quedar, por ejemplo, a desayunar un sábado o domingo por la mañana, que no suele haber prisa para otras obligaciones. No recomiendo las cenas porque se suele estar cansado y se tienen menos reflejos o aguante, y además no hay tiempo para poder hablar con la mente clara, y éste tema precisa de mucha presencia de ánimo por ambas partes.

Tampoco recomiendo más de dos conversaciones sobre el mismo asunto. Como va a haber tiempo para reflexionarlas, en cuanto se hayan puesto sobre la mesa los sentimientos de ambos, el siguiente paso será tomar una decisión.

Y tener en cuenta que, en el momento que uno de ellos está fuera de la relación, ya no podemos hablar de pareja y no interesa forzar sentimientos ni compromisos que lo único que van a provocar es un sufrimiento innecesario para uno o para otro.

Estamos dando un mensaje doloroso para ambas partes. Intentar calmarlo yéndose al otro extremo como que se ha sido muy feliz juntos (y en el pasado) va a provocar el efecto contrario al que pretendemos. Hay que intentar mejor llevar hacia algún comentario neutro, como por ejemplo “no te quiero como pareja pero el camino recorrido contigo ha enriquecido mi vida en muchos aspectos”. Es algo más descriptivo, que no va a provocar más dolor en la otra persona y por lo tanto no la hará saltar, a la vez que subyace un mensaje positivo que puede tener el efecto de calmarla.

Se puede ser amigos con el paso del tiempo, pero no justo después de la ruptura, excepto en algunas excepciones, cuando el enfriamiento ha sucedido simultáneamente por ambas partes. Cuando uno rompe lleva ya un tiempo desconectado emocionalmente de la otra persona. Digamos que ya pasó su tiempo de dolor cuando se dio cuenta de que se había desenamorado aunque su pareja no estuviera al corriente de lo que ocurría. Cuando ya ha tenido que tomar la decisión, y elaborar el discurso de ruptura y despedida, la parte emocional está superada, aunque haya que pasar por el mal trago de tener que comunicárselo al otro. Sin embargo, para la pareja comienza en ese momento el estado de shock, y hay que respetar un tiempo prudencial y permitir que lo asuma, que llore, que lo digiera y que lo pueda incorporar positivamente a su historia personal. Entonces se podrá ser amigos, pero no antes.

La explicación es muy clara: para que la relación sea de amistad, ha de ser así por ambas partes, es decir, que los dos se sientan amigos. Mientras uno se sienta todavía pareja y no haya templado sus sentimientos hasta que esté en la distancia que requiere la amistad, forzar la relación en otro sentido es un error.  De la misma manera que no se puede forzar la relación de pareja cuando uno de ellos ya no lo siente así, tampoco se puede forzar la de amistad cuando uno de ellos todavía no está preparado.

Pero, con paciencia, todo se coloca en su sitio.

Mi sugerencia es ir resolviendo por partes. Primero, la situación real de la pareja: en este caso, que ha dejado de existir como tal. Cuando se haya podido asumir, entonces se hablará de cada paso en su momento, pero no todos a la vez. De la misma manera que resulta indigesto tomarse el desayuno, la comida, la merienda y la cena al mismo tiempo, cada una de las situaciones a resolver necesita su momento, pero sobre todo de reflexión, empatía y juego limpio.

Aunque sea una situación dolorosa pero necesaria, si se es capaz de meditarla teniendo en cuenta el bienestar de ambas personas se puede salir de ella muy dignamente. Lamentablemente, al tratarse de una situación extrema, que es cuando damos la talla del material con el que estamos forjados, podemos encontrarnos con personas exquisitas o con nuestro peor enemigo. Es una situación difícil pero, una vez que se pasa, es mejor que la huella que hayamos dejado hable por sí sola de nuestra calidad humana.

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