¿Mirar o no mirar el móvil de nuestra pareja?

¿Mirar o no mirar el móvil de nuestra pareja?

Autora: Mila Cahue

Definitivamente, no. Obviamente, existen razones legales, pero también psicológicas muy importantes para diagnosticar el estado en el que se encuentra la relación. Cuando sospechamos que algo está ocurriendo, es mejor obtener los datos de otra manera que no sea vulnerando el espacio de intimidad que necesita cada uno de los miembros de la pareja.

Mantener espacios personales es fundamental en una relación sana. Cuando uno se ve en la obligación o necesidad de vulnerar esos espacios, probablemente lo importante no sea tan sólo encontrar una evidencia en el móvil, sino que habría que plantearse seriamente qué está pasando, en general, en la relación.

Lo primero que nos está indicando es que hay algún punto de desconfianza: bien porque se ha notado a la pareja más distante, bien porque se han detectado “movimientos extraños”, como vestirse de otra manera, cambio del estado de ánimo, por lo general, a mejor; etc.

Lo normal es que la gente “no quiera hacerlo”, pero creen que es la única forma que tienen de saber la verdad… y acaban aprovechando un momento de descuido de sus parejas para entrar en los mensajes, llamadas, etc.

A nivel psicológico, lo que implica es: que si no se encuentra ninguna evidencia relevante, suele relajar la tensión y ayuda a la pareja a pensar que quizás estaba viendo fantasmas donde no los había. Y en muchos casos, es cierto; pero si se encuentra evidencia sutil, o contundente, obliga a replantearse la relación, lo que significa una traición y, especialmente, dar el paso siguiente que, en algunos casos consiste en poner las cartas sobre la mesa y que la pareja hable claro; o callarse y obtener datos o información de otra manera, para no levantar sospechas de que se sabe lo que está ocurriendo como consecuencia de “algo que no debería de haberse hecho”.

Desde el punto de vista profesional, nos está indicando que la relación está muy debilitada pues está fallando uno de los pilares que la cimentan: la confianza. Por otro lado, se ponen en evidencia las carencias en cuanto a la afectividad, la comunicación, la asertividad, la negociación, tan importantes para que una relación pueda mantenerse en buen estado, a lo largo del tiempo.

El momento elegido más habitual, y de forma bastante destacada, se encuentra el “momento baño” y, más específicamente, el “momento ducha”: el móvil no puede meterse debajo del agua… y suele dejarse en la mesita del salón o del dormitorio.

Lejos, muy lejos, se encuentra el descuido, el “momento sacar al perro o la basura”, o cuando la pareja está durmiendo… pues es probable que la pareja también lo esté haciendo.

¿Qué ocurre después? Abarca desde quién no necesita más pruebas y echa directamente a su pareja de casa; pasando por una discusión fuerte pidiendo explicaciones; discutir sin pedir explicaciones; postergar una conversación al respecto en el momento que se encuentre la calma, disimular e intentar obtener información de otra manera…. Lógicamente, ninguna de ellas es la mejor y lo más probable es que se encuentre con que la pareja podrá reprochar, y estará en su derecho, que se haya vulnerado un espacio personal. Al igual que, si se está produciendo una infidelidad, la otra parte tendrá entonces su momento de poder decir algo… importante… Pero ése ya sería otro tema.

Con más frecuencia de la que nos gustaría se suelen dar sorpresas desagradables. Desde un simple tonteo que la pareja vive como una infidelidad en toda regla, hasta relaciones consolidadas de las que se tiene, en ese momento, las primeras noticias. En cualquier caso, supone un auténtico terremoto afectivo.

El móvil, per se, no provoca las rupturas de pareja, sino lo que se hace con el móvil. De hecho, en un porcentaje altísimo de casos de parejas en crisis el detonante ha sido la incursión en el móvil, y las sorpresas desagradables que se hayan podido encontrar en él.

En cualquier caso, la información obtenida con el móvil da simplemente una evidencia que se puede conseguir también por otros medios: una tercera persona que cuenta algo que haya visto, un encuentro fortuito, una factura de teléfono “sospechosa”, viajes confusos… Y, al igual que en estos casos, que son los tradicionales o de toda la vida, lo que ocurre después no siempre es la ruptura. Es a partir de ahí que las parejas, si deciden seguir juntas y apostar de nuevo por continuar, empiezan a tomarse en serio qué está pasando… y cómo sacar a flote la relación.

Pero no hay que olvidar que el móvil en parejas fuertes afectivamente, es un instrumento muy positivo para reforzar, día a día, la relación.

 

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