Ya nos hemos casado. ¿Y ahora qué?

Ya nos hemos casado. ¿Y ahora qué?

Mila Cahue

Para las parejas que ya hayan tenido una convivencia previa, la boda no significará ningún cambio realmente significativo. Pero para las que inician su convivencia en este momento, la sugerencia es que, a ser posible, se familiaricen al máximo posible con el nuevo entorno, y que hayan organizado previamente en el que va a ser su nuevo hogar comidas con amigos, comidas a solas o alguna reunión familiar. Si tenemos en cuenta que acostumbrarse a estar con una nueva persona, por mucho que la queramos, ya puede ser un factor estresante, tener que hacerlo además en una nueva casa, con nuevos horarios, responsabilidades e incluso vecindario, puede que resulte demasiado cambio para poder asimilarlo con serenidad de una sola vez.

Es muy importante que la pareja hable de varios aspectos fundamentales:

 

– El espacio físico

se van a empezar a compartir baños, cama, sofás, cocina… hay personas que ocupan mucho espacio, dejan sus cosas por todas partes, y la pareja se puede sentir literalmente invadida.

Por otro lado, en las parejas recién casadas al principio podría dar la sensación que lo tienen que hacer todo a la vez: irse a dormir, a la cocina, ducharse, ver la tele… y es posible que cada uno tenga una serie de ritmos que no sean precisamente iguales que los de su pareja. Es importante no sentirse en la obligación de tener que hacerlo todo a la vez que la pareja.

– El espacio emocional

Cuando se empieza a vivir juntos veinticuatro horas al día, la pareja no siempre está hablando, ni haciéndose carantoñas, ni compartiendo actividades. Hay personas que quizás necesiten silencio, o quieran hacer ejercicio por su cuenta, o les guste escuchar un tipo de música a una cierta hora. Si ambos coinciden no habrá problema, pero si empiezan a detectarse incómodos desequilibrios, es aconsejable corregirlos antes de que se conviertan en temas demasiado importantes.

– El dinero

parece que hablar de dinero en pareja es un tema tabú: cómo se van a organizar, si van a tener cuentas conjuntas o separadas,  cómo se van a distribuir los gastos… Saber cuánto gana y cuánto tiene cada uno… Aunque parezca mentira, hay mucha parejas que no tienen acceso a esta información, incluso pasados muchos años desde que se casaran, y, aunque no hay que fiscalizar ni parecer interesados, es importante definir qué proyecto común se está creando ya que, en una pareja, no tiene valor solamente el patrimonio económico sino también las aportaciones emocionales con las que cada uno está enriqueciendo la relación. Es aconsejable una cierta transparencia y que las decisiones que se tomen en este sentido estén perfectamente consensuadas.

– El ocio y el tiempo

¿Van a hacer las parejas todas las actividades juntos?¿tendrán espacios o días para salir con sus amigos, o realizar alguna actividad que no tenga nada que ver con su pareja?

No olvidemos que dejar algún margen de actividad individual puede resultar muy enriquecedor a corto, medio y largo plazo, pues todo lo que suponga una novedad que pueda aportar alicientes a la pareja, favorecerá a que ésta se mantenga a lo largo del tiempo.

– Las relaciones con las familias de ambos

La pareja acaba de formar SU familia y ellos son ahora la prioridad el uno para el otro. Es importante que cualquier tema relacionado con sus familias sea tratado primero entre ellos, se consensúen acuerdos, y luego cada uno se los comunique a su familia respectiva. Es posible que ciertos cambios resulten chocantes a los padres o hermanos, pero la situación familiar ha cambiado, no solamente para los recién casados, sino para todos, y es importante que cuanto antes cada uno sepa cómo, cuánto y cuándo tienen que relacionarse para que todos estén, finalmente, satisfechos, mucho mejor.

 

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a afrontar esta nueva vida con mejores instrumentos:

Aprender a relativizar pero también a hablar especialmente de los temas que he mencionado, pues suelen ser donde aparecen los conflictos. Cuando uno se casa no está todo hecho. Precisamente, es al contrario, es ahora cuando está empezando un proyecto común, se están empezando a conocer y tienen que aprender a comprenderse mutuamente, a saber quererse, a saber hacer feliz al otro, y a quererse en los buenos y malos momentos.

No tomarse las cosas a la tremenda, y estar abiertos a que hay muchas maneras de vivir la misma intimidad. Cada uno viene de una casa y de unos hábitos distintos que hay que empezar a compatibilizar.

No dar órdenes, ni regañar cuando las cosas no son como nos gustarían. Esperar a ver si se trata de cuestiones esporádicas o si son hábitos que hay que pulir para que la convivencia sea posible.

No olvidarse, desde el primer día, que la relación se construye a base de gestos cotidianos, de atenciones y de pequeños detalles que hagan sentir a nuestra pareja que es única y especial para nosotros. No dejar que la relación se mantenga por inercia, sino por los pequeños detalles que son significativos de las ganas que tenemos de estar con la otra persona, y de hacer algo bonito con ella.

No pensar nunca que lo que nos dice nuestra pareja es una tontería. Hay que identificar cuándo un problema realmente lo es; cómo se va a plantear; y cuál es el objetivo que se pretende cuando se habla de él.

Hay una primera fase de adaptación en la que es probable que haya ciertas cosas que a nuestra pareja le resultan francamente desagradables y si, analizadas, vemos que se puede y que se quieren cambiar, no dudaremos en ponernos a ello. Ya nos somos solamente dos individuos conviviendo juntos. La “relación” es el resultado de cómo nos compenetramos el uno con el otro.

 

¿Y qué hacemos con los conflictos?

Los conflictos más habituales tienen que ver con los puntos que he mencionado más arriba: las relaciones con las familias, con los amigos, qué tiempo les dedicamos, el dinero….

No hay que tener ni vergüenza ni miedo de hablar de ciertos asuntos. Nuestra pareja es la persona con la que compartimos nuestra intimidad y no es aconsejable que haya con ella temas tabú. A lo que hay que prestar especial importancia no es tanto a lo que se habla, sino a cómo se plantean las cuestiones que nos puedan estar empezando a molestar. Los tres pasos fundamentales son:

1.- describir lo que está siendo desagradable, intentando no acusar ni reprochar;

2.- plantear de qué manera está resultando molesto;

3.- proponer soluciones o alternativas

Lo más importante cuando hablamos de algún conflicto no es encontrar culpables, sino soluciones.

 

En general, recomiendo disfrutar de los primeros meses. Suelen ser los más idílicos y los que fundamentarán las ganas de querer continuar en la relación en los momentos difíciles. Probablemente se vivirán otros momentos maravillosos en la relación de pareja pero los primeros son únicos y especiales. Supone un cambio en muchos ámbitos de la vida, una independencia, una ilusión ante un proyecto mucho más importante de lo que podría parecernos a priori.

La pareja no será siempre como en esos primeros momentos, y probablemente los haya mejores. Pero esa primera vez nunca volverá a repetirse. Merece la pena hacer de ellos algo realmente especial, y estar dispuestos a introducir los cambios que hagan falta a medida que ellos vayan creciendo con la relación.

One comment

  • Hola,
    me gusta mucho el artículo. Me compré el libro de Mila Cahue y la verdad es que es muy práctico y fácil de leer. Enhorabuena a la autora

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