Todos sabemos decir “Te quiero” ¿Y después?

Todos sabemos decir “Te quiero” ¿Y después?

Mila Cahue

¿Quién no se ha sentido halagado ante un te quiero de alguien que le gusta? ¿Y quién no se ha espantado cuando esas palabras proceden de alguien por quien no se siente ningún deseo afectivo?

Si hay dos palabras que hay que aprender a utilizar y comprender con el mismo acierto que un cocinero utiliza la sal, esas son las que componen el controvertido “te quiero”. En algún momento hay que decirlas pero, una vez que se pronuncian, algo cambia en la relación, dependiendo sobre todo de cómo son interpretadas por quien las escucha.

¿Me quiere ahora? ¿Me quiere para siempre? ¿Me quiere como pareja? ¿Me quiere para un ratito? ¿Para qué me quiere?

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¿Qué significa entonces te quiero? Aunque todos lo digamos igual, no significa ni mucho menos lo mismo para unos que para otros. Además, dependiendo del momento, de la manera, de las circunstancias o de las intenciones, lo que uno oye puede estar a un abismo de coincidir con lo que el otro ha querido decir. ¿Qué hacer entonces, creer o no creer a quien nos las susurra en un momento arrebatador? He aquí la gran cuestión.

¿Qué ocurre si el te quiero hace acto de presencia cuando ambas personas apenas se conocen y simplemente se están dejando llevar por el fragor de los arrebatos hormonales y químicos de las primeras etapas? En este caso nuestra sugerencia es que se disfrute al máximo, pues llevará a altas cotas de pasión, pero dándole poca credibilidad. Esto no significa que se esté mintiendo, sino simplemente que se está alimentando un fuego que arde agradablemente. Este te quiero es más parecido a un te deseo que a un te acepto, pero cada cosa a su tiempo. Es recomendable tan sólo para quien sepa jugar con fuego y aplique la dosis de agua fría necesaria cuando acaben los artificios.

También nos encontramos ante el te quiero crucial, que significará que se desea compartir una vida junto al otro, de la manera que se decida, porque tras un conocimiento recíproco uno se siente a gusto al lado del otro. Normalmente suele ir acompañado de conversaciones y gestos agradables y no son el fruto de un momento arrebatador. Es importante no confundir uno con el otro.

 Y no hay que olvidar estos te quiero de las parejas consolidadas que no se olvidan de recordarse que cada día desean seguir juntos y no dejan de decirse o expresarse, de muchas maneras distintas, cómo les gusta estar compartiendo una vida en común. Aviso para navegantes: aunque tu pareja sepa que la quieres, o tú creas que debería saberlo, no dejes de decírselo regularmente. Un dulce no solamente no amarga, sino que te hará la vida más agradable también a ti.

Pero, en realidad, lo más importante detrás de las palabras te quiero, es que haya conductas, gestos y actos que sean objetivos, medibles y coherentes con lo que se está diciendo, de manera que cuando oigamos te quiero simplemente estemos confirmando, de una bonita manera, algo que ya, de corazón, sabemos que es cierto.

De no ser así, pon a raya tus necesidades, deseos y expectativas y enfoca nítidamente el objetivo con el que analizar lo que estás recibiendo en tu relación. Si cuando te están diciendo pan, estás viendo vino… normalmente no busques justificaciones, excusas o autoengaños porque finalmente la única persona responsable de tu felicidad, serás tú.

 

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